Un viaje resiliente I: Confesión

img_7475Inicié este camino, de forma insospechada,  durante el primer semestre del 2015; fue como entrar en un embudo de aire que, sin saberlo, me iba a llevar en una caída libre, directo a una serie de acontecimientos que jamás pensé me pasarían a mí.

Comencé con un mal año para mi negocio al tiempo que mis ojos empezaban a fallar, seguido de la falsa promesa de que todo iba a salir  bien según el doctor y una operación infructuosa. Pero yo seguía sin recuperar mi vista y todo comenzó a desmoronarse: perdí mi negocio, mi estabilidad financiera y familiar, mi confianza, y una lista interminable de cosas.

La navidad del 2015 fue la peor que he hecho pasar a los míos: sin espíritu navideño, sin regalos, sin alegría y sin recordar el sentido de esa fecha. Luego, en enero o principios de febrero del 2016, y después de visitar otros doctores y obtener distintas opiniones médicas, me dieron la noticia más dura que he recibido: “tu ceguera es irreversible”.

Lloré, me enojé con todo y con todos, llegué a la trillada pregunta ¿por qué a mí?, renegué de la vida y comencé a pensar que, debido a la situación por la que estaba pasando,  la salida por la puerta falsa era una opción válida.

Dentro de ese pensamiento, le di muchas vueltas al asunto y elaboré los distintos escenarios de lo que sucedería en caso de tomar la decisión, pero no hallaba una razón lo suficientemente  poderosa que me llevara a salir por esa puerta.  No obstante, busqué una forma de comenzar a despedirme de la gente y casualmente llegué a un número telefónico que retumbaba en mi cabeza desde hacía algunos días.

Al momento de marcar supe de quién era el teléfono. Me contestó  alguien que más tarde me confesó, era muy raro que contestara, era la mamá de alguien que más que una entrañable amiga, la considero un ángel. Saludé a esta señora que me contó  parte de la vida de este ángel y terminé  mi plática dándole las gracias y pidiéndole que le hiciera llegar mi saludo a su hija. La voz al teléfono me dijo  que le llamara por teléfono a mi amiga, que estaba segura que mi llamada sería bien recibida.

Más tarde,  aun dudando, realicé la llamada. Me contestó una voz  bien conocida por mí y escuché la alegría en su tono; era la alegría de quien escucha  otra vez una amistad entrañable, de esas amistades que aunque habían pasado más de 14 años sin hablar, sabes que ahí está.

Dimos un recorrido rápido por nuestras respectivas vidas y llegó  el momento. Le dije de mi estado de ceguera y sentí el cambio de su voz; percibí la forma en que se angustió por mi situación. Ella, siendo una persona que vive cerca de dios, comenzó a hablarme de sus  principios y  de cómo era su vida, ella también había pasado por situaciones dolorosas  pero, de la mano de dios, había encontrado la forma para asumirlas de una manera positiva.

Esa llamada sembró una semilla. Poco a poco dejé de pensar que todo lo malo me estaba sucediendo a mí; aunado a eso, un amigo que es pastor de una iglesia, sabiendo ya lo que los médicos me habían dicho, me mandó una parábola, la parábola del lápiz. Entre mi ángel y esa parábola logré sentir que podía darle la vuelta a la página y comenzar a buscar el para qué y olvidarme del por qué.

Con el apoyo de mi familia logré  entrar  a Destellos de Luz, institución que me demostró que los límites los pone uno mismo y no tu discapacidad. Ahí conocí testimonios de los que no salen en televisión, conocí a esas personas que se esfuerzan todos  los días. También un grupo de entrañables amigos me demostró  el verdadero sentido de la amistad y extendieron sus brazos para hacerme sentir apreciado por ellos.

Me puse a buscar empleo, a pesar de haber escuchado muchas historias de gente con discapacidad visual y sus búsquedas infructuosas durante años y con la carga de mis problemas económicos y la inestabilidad de mi familia. Aun así, busqué con empeño.

Entonces conocí a otra persona con una discapacidad similar a la mía que desinteresadamente me tendió la mano y me acercó a un amigo de ella que había conseguido trabajo. El día primero de julio recibí  una llamada para decirme que estaba contratado y que estaría participando en el área de crédito y cobranza. Le doy las gracias a todos los que de alguna manera han ayudado a que saliera de mi situación. Me falta mucho, hay muchas cosas que reparar, hay que trabajar en remendar lo sucedido, pero el hecho de ser productivo nuevamente es muy valioso para mí.

>Tendré que comenzar de nuevo, habré de acoplarme a esta nueva forma de vida; y no sé qué cambios puedan venir, ya que algunas relaciones son más difíciles de rehacer por el daño que anteriormente  nos causamos, aunque mi intención es que todo vuelva a la normalidad, no para sentarnos y cometer los mismos errores o volver a caer  en los mismos hábitos, sino para buscarle la lección a esta situación y salir avante de ella. Por ejemplo, en lo laboral, si anteriormente tuve muchos logros, entre ellos el tener mi propio negocio por más de 10 años , ¿por qué no volver a salir adelante y, a lo mejor, con mejores bases y otra forma de asimilar las cosas y con un reacomodo de  prioridades en nuestras  vidas? Espero que los míos estén aprendiendo la lección como yo, que más que ver una calamidad, estén viendo que es posible salir adelante de nuevo y que nunca es tarde para volver a comenzar.

Desde aquí le pido perdón a todas las personas a las que he dañado, a mis hijos por los malos ratos que los he hecho pasar, a mi esposa por mi egoísmo y pensar que todo gira alrededor mío y no visualizar los conflictos que causo.  y a todos los demás que de alguna u otra forma he dañado.

También le doy infinitas gracias a ese ángel que desinteresadamente me ha tendido su mano y cuya amistad sigo gozando. Ese ángel tiene nombre: Mirthala.

De corazón, gracias.

Gabriel rodríguez razón

Gabriel@dialogoenlaoscuridad.com.mx

 

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