Un cuento Chino sobre inclusión

 

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Estuve trabajando 5 días en China. Ahí tuve la oportunidad de impartir una capacitación para los nuevos guías de Diálogo en la Oscuridad en Shanghái.

Conversando con la mandamás de Diálogo en ese país, me comentó lo siguiente. Las empresas en China están obligadas por ley a contratar un determinado número de gente con discapacidad; de no cumplir con ese número, el gobierno les aplica una multa.

Es un bonito esfuerzo gubernamental, claro.

Desconozco si en México es igual. Sé que hay una ley – o quizá pseudo ley – que recomienda tener un número determinado de empleados con discapacidad. Hasta donde sé, en nuestro país, si esta regla se cumple, hay incentivos fiscales, pero desconozco si existen multas por no cumplir dicha norma.

Capacitación china

Pero vuelvo al país del Kung fu. En esta nación la práctica es la siguiente (ya la estará adivinando usted que es bien malpensado): la empresa X pone a la personita con capacidades diferentes (llamémosle Panchito) en su nómina; claro, pone a Panchito en lo más bajo de su nómina, en el sueldo más bajo y en el puesto más bajo. Entonces la empresa X le dice a Panchito: “Panchito, nosotros somos una empresa incluyente y te damos este empleo seguro, eres ejemplo e inspiración para todos nosotros, reconocemos y valoramos todas tus capacidades diferentes y especiales. Por lo anterior, y en agradecimiento a la hermosa persona que eres, te notificamos que no requieres presentarte en nuestras instalaciones. Tú no tienes que preocuparte por nada, tú vas a recibir tu quincena íntegra; es más, hasta reparto de utilidades y otros beneficios, pero creemos que es mejor que estés en tu casa y que tus grandes capacidades especiales sigan cultivándose y floreciendo en tu cuarto, frente a la TV y no entre nuestros empleados”.

NO creo que esto sólo pase en China, apuesto que en México también hay casos similares. Sin embargo me cuentan que acá es una práctica común, conocida y frecuente.

Esto se llama doble discurso, y es una costumbre que a todos los humanos nos jode a muchos niveles.

Pero ahí le va lo peor. Conocí en este país asiático a un individuo ciego que tiene un trabajo de tiempo completo y que percibe un jugoso sueldo al que incluso mucha gente que ve no aspira en China. Este individuo, como es un “ente multitareas”, a la par de su empleo de tiempo completo, ejerce la práctica que antes le conté; sí, está dado de alta en alguna de estas nóminas falsamente incluyentes. Inteligente el muchacho, no pone todos sus huevos en la misma canasta, el señor se gana su extra digamos. Claro, ¿quién no quiere su lanita adicional?

 

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¿NO le parece suficientemente reprobable?

Sigamos.  Este muchachón tiene como trabajo de tiempo completo sensibilizar a la gente al respecto de la ceguera; defiende y promueve la inclusión social y laboral y es un luchador social.

¡Mis pelotas! Este es un tipo que habla de su discapacidad y de la inclusión de dientes para afuera. Percibe un sueldo sustancioso por su papel de luchador social y tiene una estabilidad económica como consecuencia. No obstante, es parte activa de una práctica que va en contra de la inclusión laboral, recibe dinero por un trabajo que no hace, de una empresa con doble moral que se alza el cuello por emplear a gente con discapacidad pero que en realidad los deja en sus casas por que los considera inútiles y así engaña a su gobierno.

Por lo tanto, por un lado, este ser está muele y muele con la cantaleta de la inclusión pero por otro se beneficia de la anti inclusión y la mentira perpetuando un círculo vicioso que va en contra de la inclusión y de la causa que según él defiende.

Este señor aplicó esa famosa frase que dice “están antes mis dientes que mis parientes”, frase y práctica que creo que nos tiene en el hoyo.

Aquí le dejo entonces este cuento chino sobre inclusión laboral. Saque su moraleja y no se pase de gandaya, sobre todo si usted se las da de  luchador social o como quiera llamarle a esto que algunos hacemos.

 

Guias China

Pepe Macías

Un cuento Chino sobre inclusión