Movilidad: si te dejas, Monterrey te enclaustra

Me invitaron a participar en el evento Community Nights de TEDx Paseo Santa Lucía. Compartí el coloquio con otra speaker, Ana Rodríguez, del colectivo la banqueta se respeta. Hablamos del tema de la movilidad, cada uno desde su perspectiva.

Aclaro desde el principio: la movilidad no es mi tema; soy bastante ignorante al respecto. Pero a uno le encanta meter la cuchara, así que me aventé mis opiniones y hablé desde mi perspectiva como persona ciega.

Hay una estadística muy cabrona que nos dice que del total de la gente con discapacidad, más del 80% adquirieron la discapacidad debido a un accidente o a una enfermedad. Es decir, hoy en día la minoría de la gente nace con discapacidad, y sin embargo los accidentes y las enfermedades sí nos incapacitan. Esto significa – y no crea que quiero asustarlo – que claro que tenemos algunas probabilidades, todos, de adquirir una discapacidad debido a estas causas. SI no, pregúnteme.

¿Cuál sería uno de sus miedos más intensos si usted se quedara ciego? En base a muchas conversaciones, he deducido que si una persona que ve, pierde repentinamente la vista, uno de los principales y más colosales monstruos que invadirá su ánimo, será cómo caminar.

Personalmente me suena estúpido, pero los miedos son respetables, además de que yo tengo casi 30 años sin ver. Puedo imaginarme que una persona, plenamente autónoma que antes podía caminar y desplazarse a donde se le pegara su rechingada gana, de repente no sabe cómo arrancar a caminar a ciegas: a dónde ir, por dónde va a avanzar, si hay obstáculos o no

La idea que le comparto ahora fue una frase que mencioné en esta charla: “si te dejas, Monterrey te enclaustra”. Y es que nuestra ciudad no es amable con el caminante: un transporte que sigue siendo algo deficiente, una ciudad inconexa, banquetas lastimadas e invadidas, muchos más espacios para autos que para caminantes…

Hay muchos lugares de esta ciudad y de su urbe a los cuales usted no puede llegar si no es en coche. ¿Y adivine qué? Los ciegos no manejamos, aún. Si somos suertudos y tenemos un trabajo, podremos pagar un taxi y llegar a dichos lugares. Si somos más suertudos aún y somos acaudalados, podremos contar con un chofer y hasta con una persona que sea nuestro “White cane person” y así acceder a esos lugares.

Hay una anécdota que conté esa noche. Hace ya varios años, cuando yo iba a visitar a la que hoy es mi esposa, solía pensar que era afortunado de tener un trabajo y poderme costear un taxi dos o tres veces por semana para ir a visitarla, pues vive en una zona de cumbres a la cual, en ese entonces, no se podía llegar en transporte público.

En efecto, si usted no ve, comprendo que Monterey le resulte intimidante a la hora de caminarlo. A mí aún me lo parece muchas veces. Imagínese, si esta ciudad no es amable con el peatón que ve, es algo más ríspida para aquel que no cuenta con la vista.

Así que, de ser ciego, puede ser que Monterrey lo enclaustre por el miedo que le llegue a inspirar sus calles, sus banquetas, su distribución y su transporte. Si usted es ciego y no tiene trabajo, puede ser que Monterrey lo enclaustre si no cuenta con el recurso para moverse en coche.

No obstante, salgamos a recorrer esta ciudad aunque nos parezca algo salvaje. Hablemos de este tema de la movilidad que nos afecta a muchos, ciegos y no ciegos. Todos, veamos o no veamos, nos merecemos un espacio habitable y que nos aporte bienestar.

 

Pepe Macías