Lo que los jefes olvidan decir: el aprendiz y el sabelotodo

EL pasado mes de Septiembre tuve la oportunidad de acudir a un curso con James Gardener, Coach radicado en el Reino Unido, y nos compartió lo siguiente: “según algunos estudios, hay dos cosas que los ejecutivos de las empresas a nivel mundial olvidan decir: gracias y no sé”. ¿Estás de acuerdo?

Hoy me voy a centrar en la segunda declaración que los ejecutivos olvidan decir: “no sé”. Este dato que James compartió me recordó la idea del aprendiz y del sabelotodo. ¿La conoces?

Muchos de nuestros entornos, especialmente el entorno empresarial, estaca por menospreciar el no saber. Nuestra empresa nos paga por saber y nos reconoce por nuestras respuestas. Pero esta tendencia en las empresas promueve las máscaras: empleados de todos niveles que utilizan la máscara del sabelotodo, incluso en esos casos en que no saben, en que no tienen las respuestas, provocando entonces un daño a largo y corto plazo para la organización y sobre todo, un daño para sí mismos.

El entorno donde nuestro valor radica en nuestro saber, por consecuencia, disminuye nuestra pasión por aprender. Para aprender necesitamos humildad, humildad para reconocer que no sabemos, que hay competencias que no domino aún pero que quiero dominar. Operar desde la humildad, desde el reconocerme vulnerable es requisito para aprender, por consecuencia es requisito para saber. Por otro lado, la arrogancia es el enemigo del aprendizaje, pues desde la postura del “yo todo lo sé”, me cierro al aprendizaje, pues no ay nada más por conocer.

La máscara del sabelotodo la usamos por miedo, por el temor al qué dirán, al despido, al desprestigio, al que nos perciban como incapaces, faltos de autoridad, ignorantes, etc. No obstante, y como ya mencioné, la postura del sabelotodo, la postura arrogante, nos impide abrirnos al aprendizaje.

Por otra parte, la postura del aprendiz es aquella donde operamos desde la humildad, la humildad entendida como el “estoy orgulloso de lo que sé, lo reconozco, pero también reconozco lo que no sé y estoy abierto a cualquier aprendizaje”. Es decir: me abro a reconocer mis errores, no temo decir “no sé, quiero aprender”, me abro a escuchar, a intentar y me abro a ser transformado por los otros.

¿Cómo me muevo de la postura del sabelotodo a la postura del aprendiz? Creando contextos de aprendizaje, es decir, entornos de confianza, respeto, humildad, amor, etc. Contexto donde el “no sé” sea una oportunidad: “no sé, pero me comprometo a aprender”.

¿Conoces aprendices en tu vida profesional? ¿Sabelotodos? ¿Con qué postura te reconoces tú?

Coach Pepe Macías