La trampa de los prejuicios: Diálogo en la Oscuridad en el CERESO de Apodaca

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El pasado sábado 27 de Mayo presentamos un taller en la oscuridad para algunos reos del CERESO de Apodaca. Fue la Secretaría de Desarrollo Social de Nuevo León quien nos extendió la invitación. Y claro que aceptamos, si bien con algunos reparos internos, los cuales le cuento a continuación.

Los prejuicios son como el miedo: son bien humanos y son también necesarios para ahorrarnos algunos trancazos de vida, pero como el miedo, mal manejados nos pueden privar de algunas exquisiteces.

El primer reparo ocurrió desde que escuché la palabra “penal”. Para muchos Las palabras “penal” y “CERESO” traen adjunta una carga negativa bastante potente. No creo que haya un lugar del mundo donde las cárceles sean remansos de paz, tan ingenuo no soy; no obstante, es bien sabido que dichos lugares en México y en Monterrey son hoy focos tangibles de peligro.

¡Venga! ¡Claro que aceptamos el reto! Sin embargo, días antes del evento yo y mi equipo fuimos conscientes de que estábamos nerviosos y que estábamos cayendo en un juego de prejuicios. Bastaba leer o escuchar nuestros mensajes de what’s app.

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La lista de estereotipos podría ser más larga y tenebrosa pero le comparto algunos: el penal es un lugar peligroso, los reos son ex drogadictos, los reos son criminales, los reos son malas personas, los reos son culpables de la violencia en la ciudad, a los reos no les importa lo que puedan aprender en un taller, los reos son agresivos, nos van a contestar mal, no tienen el nivel educativo para aprovechar este tipo de experiencias y una larga lista de lúgubres etcéteras.

¡Oh sorpresa! Gran parte de lo que hacemos es sacar a la gente de su zona de confort al llevarlos a la oscuridad y al crear la interacción con gente ciega. ¡Pero ahora los que estábamos fuera de nuestra zona de confort éramos nosotros!

El día llegó y tomamos un uber para llegar al CERESO de Apodaca. Hubo chistes y bromas sobre la situación durante nuestro breve viaje. Creo que logramos aliviar la tensión. Pero la mejor resolución fue dejar nuestras expectativas y prejuicios en el primer punto de revisión del penal junto con nuestros celulares e identificaciones.

Un hombre que nos guió a los 4 ciegos dentro del penal nos preguntó si podíamos caminar unos 3 kilómetros hasta la parte de atrás donde nos aguardaba Andrés quien montó la oscuridad. Nuestra respuesta fue afirmativa. Ya nos habían advertido que tendríamos que caminar mucho y cruzar por las áreas de celdas.

Después de una revisión donde le pasaron unos aparatos a nuestros bastones, que no dejaban de pitar por todos lados, nos sentamos unos 40 minutos a esperar la prometedora caminata. Pero nuestra sorpresa fue cuando nos informaron que nos llevarían en camioneta y nos pidieron meternos en unos vehículos blindados donde trasportan a los presos.

A nuestra llegada nos llevaron hasta nuestra sala oscurecida. Ahí Andrés nos presentó a don Héctor, un preso que le ayudó a montar la oscuridad. Don Héctor estaba bastante emocionado por el trabajo que acababa de hacer con Andrés y creo que también por nuestra presencia. Fue la primera vez que charlé con un reo. Nos contó muchas cosas, pero una que me sacudió fue cuando nos dijo que tenía 15 años ahí y que le restaban otros 30, pero que era maestro de primaria y secundaria para los presos, y nos compartió su entusiasmo porque al parecer en poco tiempo habrá una universidad dentro del CERESO y él quiere ser licenciado en administración de empresas. ¡Vaya entusiasmo!

La conversación con don Héctor tuvo que terminarse pronto. Estábamos a punto de comenzar. Era un salón más pequeño de lo habitual. La incertidumbre me volvió a invadir cuando Andrés nos indicó que estábamos listos. “¿Quién entra con el primer grupo?” Yo fui el segundo en entrar. Nos fue de gran utilidad recordar lo que siempre les decimos a los demás: que la oscuridad es una plataforma libre de prejuicios para el encuentro de gente diversa.

En nuestras experiencias predicamos que la oscuridad nos libera de prejuicios, y enseñamos a las personas lo provechoso de dejarlos de lado y hacer contacto con la parte humana de cada uno, para construir una convivencia social más sana, fundamentada en la interacción real y no en los estereotipos. ¡Pues a predicar con el ejemplo!

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Pasado el taller en la oscuridad encendimos de nuevo la luz y procedimos al cierre del evento. Y en ese momento recibimos los frutos de la oscuridad, la chispa que se crea cuando nos dejamos de cosas y contactamos de humano a humano. Los presos, a diferentes niveles y con distintas palabras, expresaron lo valioso e inspirador de la experiencia y de conocer a este grupo de gente ciega; y lo mismo fue para nosotros que terminamos llenos de energía al presenciar tanta esperanza y tanta motivación en personas que supusimos estarían en un nivel bajo de motivación.

Hubo ahí dos grupos vulnerables que se encontraron en la oscuridad: personas ciegas y personas presas. Y el descubrimiento que hicimos fue que, cada uno desde su trinchera y a su manera, estamos cambiando nuestra historia y quizá logremos cambiar las historias de los que nos rodean.

La cereza del pastel fue cuando uno de los presos mencionó que él sabía que al salir de la cárcel, tendría que enfrentarse a las etiquetas que seguramente le pondría la sociedad, y tendría que superar eso. Y sus palabras me hicieron recordar esa trampa de prejuicios en la que nosotros mismos habíamos estado a punto de caer.

 

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Los prejuicios son casi inherentes al ser humano; se manifiestan en nuestras mentes de forma automática y cuando no tenemos poder sobre ellos, gobiernan nuestras acciones. Los prejuicios pueden condenar, llegan a marginalizar vidas. Usted también tiene la cabeza llena de prejuicios, a menos de que haya alcanzado un notable estado de santidad o iluminación. Los ciegos hemos cargado con etiquetas históricas como ser incapaces, dependientes, pedir dinero o sólo servir para la música. Las etiquetas que cargan los presos son las de ser criminales, un cáncer social, desadaptados, etc. El truco es, hacernos conscientes de los prejuicios, verlos, notar esas etiquetas y dejarlos de lado para dejar que la vida nos sorprenda y para liberar las vidas de los demás.

Sin duda, uno de los mejores talleres que he experimentado en mi vida.

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La trampa de los prejuicios: Diálogo en la Oscuridad en el CERESO de Apodaca