EL mejor momento para ser ciego

Pregúntese: ¿cuál es el mejor momento para ser ciego?

¡Qué pregunta tan cabrona! ¿No? Seguramente su respuesta sería que ninguno, y no lo culpo; muchos diríamos lo mismo.

La gran noticia es que usted no elige la discapacidad, nadie la elegimos, solo llega, de chingazo en muchas ocasiones.

Puede usted alimentarse bien y hacer ejercicio para mantener la diabetes a raya, también puede visitar a su oftalmólogo cada 6 meses para que lo revise, puede vivir una vida santa y libre de pecado… No importa, nadie está a salvo.

Hace poco conocí a una chica que se quedó ciega a los 18 años por un balazo en la cabeza que le regalaron los narcos al quererle robar su camioneta. También conocí a otro caballero que por un accidente laboral con gasolina sufrió quemaduras y luego una infección mal tratada, cortesía del IMSS, lo dejó ciego. Así que ya ve, todos estamos expuestos.

Pero la respuesta es simple. El mejor momento para ser ciego es hoy, y creo que los años por venir se pondrán aún mejor.

Leí una entrevista con Manolo Álvarez, programador ciego de Puerto Rico y el personaje con discapacidad visual que más admiro en América Latina.

Entre varios asuntos, manolo mencionó: “desde una perspectiva tecnológica, no hay un mejor momento para ser una persona ciega”.

El buen Manolo lo deja bien claro: “desde una perspectiva tecnológica”.

Y es que hoy en día, las computadoras, los celulares, las tabletas y algunos otros dispositivos electrónicos son accesibles para la gente ciega. Hoy en día podemos pedir un Uber en nuestro celular sin tener que pararnos a la orilla de la banqueta con el bastón alzado esperando que un taxi se pare o que algún transeúnte nos apoye. Hoy en día con nuestro celular podemos identificar los billetes y minimizamos el riesgo de que alguien nos juegue chueco. Hoy en día un GPS nos puede guiar por la calle, paso a paso hasta un lugar al que queramos llegar. E incontables ejemplos más.

Todas estas tecnologías nos permiten, a aquellos que vivimos sin vista, habitar un entorno que nos coloca en una situación, quizá no de igualdad, pero sí en una situación algo más justa en comparación con la gente que ve.

Para la gente con una discapacidad visual, hoy más que nunca es posible estudiar, y como lo hizo Manolo, estudiar una carrera y desarrollar una profesión que hace pocos años, por su contenido visual, hubiera sido imposible para alguien ciego. ¡No más abogados ni músicos ciegos!

Esta tecnología abre las puertas también a la inclusión laboral y a la independencia personal. Yo, por ejemplo, trabajo en línea gracias a la tecnología accesible. Aplicaciones como “be my eyes”, “tab tab see” o “seeing ai” nos permiten leer las etiquetas o los códigos de barras de productos de nuestras despensas, saber de qué color es la ropa que nos vamos a poner o regocijarnos al enterarnos cuánto nos llegó de luz en el recibo.

Pero no todo es belleza. Hay muchos ciegos que por distintas razones, no tienen acceso a la tecnología. Esto es peligroso e inaceptable en estos tiempos. La persona con discapacidad visual que no utiliza la tecnología hoy en día, corre el riesgo de convertirse en un analfabeta tecnológico y por ende, de aislarse de la sociedad. Seamos francos, el braille está en peligro de extensión. La forma más sencilla y práctica para conectar con el mundo visual y con los que nos rodean es la tecnología.

Eso sí, sigo sosteniendo como lo hice ya hace un tiempo en otra de mis opiniones, que mientras la tecnología sí avanza en temas de inclusión y sus logros son visibles, medibles y disfrutables, las relaciones humanas y el trato persona a persona sigue quedándose rezagado. Aún no logramos derribar las barreras mentales y desembrollar las ideas preconcebidas que dictan el actuar excluyente y discriminatorio de mucha gente.

¡Celebremos que hoy, desde la perspectiva de la tecnología, y solo desde la perspectiva de la tecnología, es el mejor momento para ser ciegos!

Pepe Macías