Retos de movilidad en Alemania

Cuando le cuento a la gente que la oficina donde trabajo está en Hamburgo, y que viajo una o dos veces por año para pasar algunos días de trabajo allá, con frecuencia me dicen: “qué padre, es otra cultura, mucho más accesible, ahí sí están preparados para gente como tú…” Lo que sea que signifique “gente como yo”.

En gran parte esas afirmaciones son ciertas, pero no deja de haber sus retos.

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El año pasado llegué a mi hotel directo del aeropuerto y ordené una pizza para cenar. Al día siguiente me preparé y salí, listo para el recorrido de cada año: del hotel camino una cuadra hasta la estación central del metro, bajo a la línea U1, tomo el tren y me bajo en la segunda estación, encuentro la salida que da al puente que cruza el canal, paso el puente, cruzo en diagonal hasta Diálogo en la Oscuridad, driblo los carros estacionados en batería, localizo la cadena sobre el adoquinado de la calle y que delimita un ascensor de carga, y pasando esa cadena, busco la primera puerta de madera basta, antigua y pesada.

La ruta de ida a la oficina transcurrió sin problemas. AL terminar la jornada, regresé por el camino habitual y al subir del andén de la línea U1 al lobby central de la estación, me encontré con una malla metálica que impidió mi camino. Sinceramente sí me inquieté, la estación central del metro en Hamburgo es infernalmente grande y confusa, con muchos pasillos y salidas.

Invariablemente me confundí y tomé una salida incorrecta. De pronto, al subir al nivel de la calle, me di cuenta que no estaba en la avenida de mi hotel. Pensé de forma lógica para tranquilizarme: “por más grande que sea la estación del metro, por más errado que haya estado en la salida que tomé, no puedo estar  tan  lejos de mi hotel, además, en esta ciudad la mayor parte de la gente en la calle habla inglés y puedo pedir ayuda”. De cualquier forma me invadió un temor natural a estar perdido, temor que cuando estás a 3 bajo cero y chispeando nieve se convierte en una necesidad desesperada de encontrar ayuda.

Este año no quise repetir la experiencia de perderme en temperaturas congelantes entre calles cuyos nombres en Alemán ni recuerdo y ni puedo pronunciar; así que le pedí a una compañera de mi oficina si el primer día podía ir por mí al hotel y acompañarme en el recorrido, para que me apoyara identificando los cambios dentro de la estación del metro y cómo solventarlos.

 

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Ana pasó por mí al hotel y realizamos el recorrido hasta la oficina ida y vuelta. Los cambios dentro de la estación del metro no eran sustanciales, pero esta vez sí se cumplió la máxima que afirma que si le mueve algo de lugar a un ciego, éste se pierde. Vergonzosamente fue mi caso.

El tono humorístico lo puso Ana cuando me advirtió de un obstáculo más en la estación cercana a la oficina: “ten cuidado al subir la escalera y doblar a la derecha. Sigue tu pared izquierda, porque casi todas las mañanas, sobre la pared derecha, está un indigente durmiendo”.

Pepe Macías
pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx

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