Pensamiento mágico en la discapacidad

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“¿Qué le pasa al muchacho en los ojos?”

Fue lo que preguntó el hombre cuando mi hermana, sentada al volante de su coche y a punto de arrancar, bajó la ventanilla para atenderlo.

Estábamos en la carretera nacional. Yo sentado en el lugar del copiloto y mi esposa (también ciega), en el asiento trasero.

Otra vez el arrebato. No pude evitar molestarme. No me importa que pregunten qué le pasa a mis ojos, pero sí me molesta aún que no se dirijan directamente a mí, como si la ceguera me amarrara la lengua o me atrofiara las neuronas evitándome contestar por mí mismo. Definitivamente ese día yo no era el ser más empático.

Decidí no contestarle. NO sé si a mi hermana le pasó lo mismo por la cabeza, pero hubo un silencio algo prolongado. Luego le contestó con una sonrisa y una voz que trató de ser amable: “no ve”.

El hombre soltó un lamento extraño, como si no ver fuera el peor cataclismo de una vida humana. Yo para entonces estaba determinado a no continuar la conversación. Entonces el hombre soltó una retahíla inconexa y pintoresca sobre cómo podía recuperar mi vista. Todo se ceñía a pedirle a Dios, orar, una iglesia de hermanos y creo que hasta misas de sanación.

Casi rompo mi determinación de no hablar. Quise decirle: “gracias, pero ni me interesa volver a ver y tampoco creo en su Dios milagroso”. Pero no hablé. Y otra vez hubo un silencio espeso e incómodo. Mi hermana sabiamente se limitó a darle las gracias, encendió el coche y nos fuimos.

Algunas veces me han preguntado si quiero recuperar la vista, y sinceramente creo que la respuesta más franca es que el asunto no me importa. No me importa porque nunca pienso en eso, tampoco investigo sobre avances en la medicina que pudieran beneficiarme, no busco curanderos ni le pido a Dios volver a ver.

Pedir un milagro es tener un pensamiento mágico, y tener un pensamiento mágico es algo que considero perjudicial, en especial para nosotros, la gente con discapacidad, o la gente en cualquier situación de marginalización. Si no, pregúntele a los pobres de este país; los sectores más pobres de este país están entre los más católicos, y siendo prácticos, no les ha ayudado mucho, quizá sólo para tener un consuelo.

Ahora bien, no vaya usted a confundir el pensamiento mágico con la fe o con creer. Ya mencionó alguien antes en este mismo blog, lo bueno que puede resultar aferrarse a una creencia. Yo mismo hablé hace poco de la esperanza. Respeto las creencias, sean religiosas o de cualquier tipo. Pero no creo en las explicaciones mágicas o milagrosas de los fenómenos.

La gente con discapacidad debemos recibir educación o educarnos nosotros mismos en un millón de temas antes que pedir milagros o pensar de forma mágica. La gente con discapacidad debemos de  bajarle a la “pedidera” y comenzar a ofrecer y a dar, no sólo a estirar la mano. Antes de que nos enseñen a pedir milagros, deberíamos de ser educados en áreas como la inteligencia emocional, la autoestima, la resiliencia, el compromiso y la responsabilidad, el emprendimiento, el liderazgo, la psicología positiva y muchos otros temas que sí nos aportan algo y que nos llevan a que nosotros también aportemos a los demás.

Pero pedir sin dar esfuerzo a cambio está más o menos en nuestro ADN cultural, en buena medida gracias al catolicismo. Recuerdo cuando leí e investigué sobre el Sintoísmo, una religión Japonesa donde la gente va a los templos y le ora a sus deidades, sí para solicitar algo, pero siempre ofrecen algo a cambio primero, siempre hay un esfuerzo para después esperar una recompensa.

Creo que si ese día en la carretera hubiera tenido suficiente empatía, paciencia y elocuencia, le hubiera contestado a este señor: “yo no quiero ser curado, yo quiero ser incluido. No quiero que me haga parte de su “normalidad” para ahora sí verme como un igual, quiero que así, tal como soy, convivamos en igualdad de condiciones”. Me hubiese ayudado más que ese señor se hubiera dirigido a mí directamente, respetando mi dignidad como persona; incluso me hubiera servido más el típico “qué padre que puedes aún sin ver” a que me mandara a misas de sanación, porque si me manda a sanarme quiere decir que le parece que algo no anda bien conmigo.

El pensamiento mágico no sirve de nada, es consuelo de tontos, es veneno mental, y es aún más dañino para la gente con discapacidad. Eduquémonos en una mentalidad y comportamiento constructivos, eduquémonos en el esfuerzo y la voluntad inquebrantable.

 

P.D. fotos cortecía de mi hermana Liliana Macías

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Pepe Macías

pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx

 

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