Los ciegos y los taxistas

Eran pasadas las 8 de la noche cuando nos subimos al Uber. No habíamos avanzado ni dos cuadras cuando el chofer se dirigió a nosotros: “con todo respeto, pero creo que ninguno de los dos ve, y quería preguntarles si quieren que les vaya diciendo por dónde voy y por dónde me manda el GPS”.

La propuesta me sorprendió pero fue bastante agradable. Es cierto que varios ciegos usamos aplicaciones de GPS para saber dónde estamos. Con los taxistas de confianza yo no lo uso, pero siempre que  me subo a un Uber lo utilizo para saber por dónde voy, pues tengo bien claro que la mayor parte de los choferes de Uber no son taxistas, no conocen bien la ciudad y muchas veces solo se dejan guiar por el GPS.

Dejamos a mi acompañante en su destino y le pregunté al chofer si podíamos pararnos por unos tacos. ÉL se bajó conmigo, y estuvo a mi lado haciendo la fila y esperando la orden. Ahí me platicó que había ido tres veces a Diálogo en la Oscuridad en el parque  fundidora, y que fue otras dos veces al planetario alfa. “Llevé a mis hijos, pero ya ves, a los niños no les entró bien el mensaje. Ahora mi hija de 9 años necesita lentes, con muchísima graduación, y no ha sido fácil, yo no quiero que le hagan bullying. NO sabemos si esa enfermedad en los ojos… ¿cómo se llama? Ya no me acuerdo, pero no sabemos si va a avanzar más o no…”

Regresamos al coche y comenzó a desvelar los secretos de algunos choferes: “¿te ha pasado que los choferes de Uber te cancelan cuando les dices que eres ciego?”

NO es la regla, pero sí me ha pasado. Generalmente cuando estoy solo o cuando estoy con otra persona ciega, le mando un mensaje al chofer, le digo que soy ciego, que me puede reconocer porque uso un bastón, y le pido que si me ve, me pite, pues yo no puedo verlo. La mayor parte del tiempo este mensaje funciona, pero en otras ocasiones, aparece un mensaje que me informa que mi chofer tuvo que cancelar el viaje.

“Con perdón tuyo, pero son unos pendejos y unos ignorantes. EL otro día me contó uno, que le canceló a un ciego, y me dijo, que eso no se podía, que un ciego no podía pedir un Uber solo, que un ciego no podía usar un celular, que eso estaba mal. Y yo le dije, a ver, ¿cómo le haces para llegar a un lugar al que no sabes ir? ¿Usas una aplicación como el waze no? Pues no seas wey, ellos le hacen igual, si no ven el celular pues tienen una aplicación que les lee todo con voz. Y no me vas a creer que aún y con la explicación el cabrón no dio su brazo a torcer y me dijo que era puro pedo”.

La lección, un tanto rudimentaria, fue esencialmente correcta, y se agradece que un chofer de Uber se la explique a otro, aunque ese otro haya tenido los oídos cerrados.

Al otro día, durante la comida, platicaba con mi acompañante sobre este chofer con el que tuvimos una buena experiencia, y la conclusión era que como persona ciega, tienes que ser amable con los choferes o taxistas que te llevan, y aprender a comunicarte de forma  constructiva con la gente que nos da un servicio o nos apoya, pues somos una especie totalmente interdependiente. Entre vino y vino compartimos los casos bochornosos de varios ciegos que han insultado a los choferes, o les han hablado muy mal, porque estos choferes toman rutas que sus pasajeros ciegos no conocen. Resultado: bajan a sus pasajeros ciegos, a chingar su madre, y obviamente estos choferes se espantan y ya no quieren trepar ciegos al carro.

EL fenómeno no es tan complejo: muchos ciegos no conocen bien la ciudad y solo se memorizan sus rutas, por lo que, al salirse de las calles que conocen, se asustan, se ponen nerviosos y su reacción es maltratar. EN otras ocasiones pensarán que el chofer los quiere pasear para cobrarles más o que quiere dañarlos de alguna otra forma. Por su parte, hay choferes que simplemente desconocen cómo una persona ciega puede solicitar un taxi si no puede ver, o se imaginan que tendrán que bajar en brazos a dicha persona del taxi para llevarla hasta la puerta de su destino.

Puros malos entendidos. A los ciegos nos queda solo bajarle dos rayitas al miedo y ser más amables, y a los choferes, abrir la mente y comprender que nuestra limitante solo es visual, ni auditiva ni de movilidad. Y a mi chofer de Uber, ¡gracias por pararte en los tacos!

Pepe Macías
pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx