la discapacidad de nuestros días

El 8 de octubre pasado se celebró el día mundial de la visión, el cual promueve el cuidado de la salud visual entre las personas.

Las afecciones visuales son más comunes de lo que pensamos, y van en aumento. Pero dicha jornada me llevó a reflexionar, qué es lo que se está degradando más rápido en la sociedad mundial, ¿su sentido de la vista o su sentido de la visión? Son cosas distintas.

Lo decía Hellen Keller, educadora sordociega estadounidense: “Es algo terrible poder ver y no tener visión”. Y yo le añadiría: “es algo terrible poder ver y no tener visión o tener una visión desequilibrada”.

¿Has pensado en lo trascendente que es la visión?

Casi Todo lo que nos rodea es producto de la visión y de la imaginación del ser humano. Tu casa, antes de que estuviera construida, estuvo en la visión de un arquitecto. Hay grandes construcciones, aeropuertos, edificios, playas e islas artificiales, coches y viajes a la luna que primero estuvieron en la visión y en la imaginación de personas que después las concretaron.

De igual manera, todo lo negativo, destructivo y perjudicial que nos rodea, como la guerra, la violencia intrafamiliar, el terrorismo, los secuestros y asesinatos, la corrupción, la polarización y el racismo son también resultado de la visión y la imaginación de alguien. Hay gente cuyas mentes generan estas acciones en forma de visiones, y luego, desafortunadamente, las traducen en acciones.

La discapacidad de nuestro tiempo es la total falta de visión social, o al menos una visión social deteriorada. Por un lado, muchísima gente no ejercita su visión personal, su visión como humanidad. EL tiempo que pasamos con nosotros mismos, explorando nuestros pensamientos y deseos, y conociendo nuestra mente, se ha reducido drásticamente en un mundo que nos ofrece entretenimiento y distracción a cada minuto. Nuestros anhelos, en muchos casos, están dictados por algoritmos perfectamente programados o por chantajistas que dictan lo que deberíamos desear. Piénsalo: ¿cuántas veces anhelaste ir a cierta playa de vacaciones o a comer a un restaurante solo porque viste a alguien en redes sociales en ese lugar? ¿Cuántas veces compraste algo en línea porque así te lo sugirió tu página de compras? Hemos delegado nuestros anhelos, o mejor dicho, le hemos permitido al mundo externo y a un puñado de manipuladores definir o modificar nuestros anhelos. Hemos renunciado a nuestra visión.

Por otro lado, mucha de la gente que sigue practicando su visión, y traduciéndola en acciones concretas, lo hace desde una mente caótica, desordenada y egoísta. Ciertamente tienen un gran poder imaginativo, una gran capacidad para visualizar y una extraordinaria habilidad para ejecutar. NO obstante, lo que nace de una mente o una imaginación en desbalance, generalmente es perjudicial, afecta a mucha gente y sirve solo a los intereses de pocos.

Decía Helen Keller: “La vista es la función de los ojos, pero la visión es la función del corazón”. Y esta visión es la que nos une a los seres humanos. SI nos preguntamos, con franqueza y tiempo para reflexionar, qué es lo que de verdad anhelo y qué es lo que realmente quiere lograr mi corazón, seguramente la gran mayoría de nosotros llegaríamos a una visión bastante similar, pues aún las personas con visiones torcidas, en el fondo de su alma, anhelan estar bien. Si cultiváramos la visión del corazón llegaríamos a un estado de las cosas donde procuraríamos el mayor bienestar para la mayor cantidad de gente.

Pero el panorama no es alentador: la sociedad actual es una sociedad ciega. Avanza a tientas y tropezones, con la visión nublada, apenas guiándose por diminutas chispas de luz. La sociedad actual pasa mucho tiempo en la sombra, insensible ya a los golpes y los raspones, acostumbrada a la carencia de claridad. La sociedad actual corre a toda velocidad, a pesar de ver con visión de túnel, con una perspectiva estrecha, sesgada y egoísta. Parece que la sociedad tiene el abismo en la punta de sus pies y no se ha enterado.

Cierra tus ojos por unos instantes, te aseguro que no te vas a perder de nada importante. Toca tu corazón y despierta tu visión, aprende a crear lo que de verdad tiene valor.

Pepe Macías

pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx