EL misterio de las camisetas rotas

“Nada sucederá hasta que el dolor de seguir siendo el mismo sea más grande que el dolor del cambio” – Arthur Burt.

El ser humano es una criatura extraña: nos toma muchísimo tiempo hacer ciertos cambios en nuestra vida; incluso hay cambios que nos llevan toda la vida y otros que nunca llegan. Por otro lado, hay situaciones de urgencia que activan cambios automáticos y duraderos en nosotros, cambios que nos habrían llevado mucho tiempo realizar por voluntad propia.

Hace unos días estaba pensando en cómo será salir con un tapabocas o una mascarilla a donde quiera que vaya. Reflexionaba cómo sería si tuviera que usar incluso una careta, traer el antibacterial todo el tiempo en el bolsillo, dejar de saludar físicamente a la gente… Pensaba que sería un cambio muy duro, que me costaría volver a salir a la calle bajo dichas condiciones. Pero le platico algo curioso que me pasó y que me mostró lo fácil que puede ser hacer un cambio en poco tiempo.

Desde hace unos pocos meses comenzaron a aparecer unos misteriosos agujeros en mis camisetas. La mayor parte de ellas, de pronto, cuando las usaba, tenían dos o más agujeros a la altura del bajo vientre.

Yo y mi esposa formulamos varias hipótesis: que si había polillas en el cajón de mi ropa, que si la lavadora las estaba rompiendo, que si la tela estaba muy chafa… Analizando mejor el fenómeno, nos dimos cuenta de que los agujeros siempre estaban a la misma altura del bajo vientre, si bien algunas veces variaban en número.

Fuimos descartando hipótesis. SI la lavadora era la causa, ¿por qué solo rompía mis camisetas? Evidentemente un aparato no se puede ensañar exclusivamente con un individuo. Si eran polillas, ¿por qué siempre los agujeros aparecían a la misma altura de las camisetas?

Uno de estos días reparé en que el cinto que uso habitualmente tiene una hebilla con dos pernos. Durante los últimos meses he bajado algunos kilos, lo cual me permite fajarme más arriba. La hebilla del cinto queda a la altura de mi bajo  vientre. Por lo que mi deducción fue que de alguna forma los pernos estaban rozando la tela de mis camisetas y rompiéndola.

Estaba harto de que todas mis camisetas – incluidas algunas que me gustan mucho – se estuvieran rompiendo. NO estaba dispuesto a gastar en más ropa, ni estaba dispuesto a que cada vez que me pusiera una camiseta, se siguiera desgarrando. Afortunadamente en este confinamiento me podía pasear tranquilamente por mi casa con mis camisetas agujeradas, sin que nadie me viera. Sin embargo, el dolor de perder mis camisetas estaba creciendo.

Mi solución inmediata y temporal fue cubrir las puntas de los pernos con cinta adhesiva para que estos no rozaran la tela. El primer día fue extraño. Sin embargo, descubrí con sorpresa, que para el segundo día, cada vez que tenía que abrir mi cinto, ya tenía incorporado en mis movimientos el reflejo de quitar la cinta adhesiva para volverla a colocar después.

De pronto me sorprendí cuando mi reflejo, antes de abrir mi cinto, fue despegar primero la cinta de mi cinto; me sorprendí cuando, después de abrochar mi cinto, mi siguiente movimiento era recuperar el pegote de cinta para colocarlo de nuevo. Las molestias de pegar y despegar el pegote de cinta era menor a mi molestia por estar perdiendo mis camisetas.

La verdad me sorprendió que me llevara dos días adaptarme a una nueva forma de usar mi cinto. Esto es la plasticidad neuronal en su máxima expresión. Dejamos de utilizar determinadas conexiones neuronales para crear nuevos caminos neuronales y de pronto nos damos cuenta de que estas nuevas conexiones se vuelven la regla. Reflexioné si pudiera ser igual de fácil adaptarme a usar un tapabocas o algún otro equipo de protección a raíz de esta pandemia.

¿Qué me ayudó a hacer un cambio rápido?

a) Sentir el deseo de que eso no ocurriera y que ese hecho me molestara (me daba coraje que todas mis camisetas se estuvieran rompiendo)
b)  Identificar las desventajas (ya no tenía camisetas presentables y gastaba dinero en ropa nueva)
c) Analizar las posibles hipótesis y dar con la causa (los pernos de mi hebilla rompían mi ropa)
d) Solución a corto plazo (cubro la hebilla con cinta adhesiva)
e) Que la solución temporal me resulte menos molesta que mi descontento original (prefería poner y quitar un pegote de cinta que perder más camisetas)
f) Formular una Solución a largo plazo (ya me pedí un cinto nuevo con otro tipo de hebilla y soy muy feliz)

En resumen, lo que facilitó el cambio, fue el sentido de molestia: ¿me urgía solucionar los agujeros en mis camisetas? Sí, era muy molesto, era incómodo, no se veía padre, gastaba dinero, mis camisetas favoritas se estaban rompiendo…
Mi solución temporal de un pegote de cinta fue ciertamente molesta, pero menos que la molestia de perder mis camisetas. Y luego llegué a una solución de largo plazo que me costó lo mismo que me costaba una camiseta nueva.

¿Con que cambios estás lidiando hoy? Puedes leer la frase con la que abro este texto y evaluar, si no te animas al cambio, es porque seguir atorada/o aún te resulta más cómodo que transformarte.

Pepe Macías
pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx