El atajo digital hacia la inclusión: Una atenta súplica a programadores, ingenieros y desarrolladores de apps

Hoy veo dos caminos posibles hacia la inclusión, ambos son viables, no obstante, uno es lento (slow inclusión – que apela a la concientización de las personas y a la adopción de valores y hábitos de comportamiento incluyente) y el otro es rápido (fast inclusion y que se sostiene en la programación incluyente y una inteligencia artificial que aprenda accesibilidad) y está en manos de los ingenieros, programadores y desarrolladores de apps, a quienes les suplico sigan leyendo, por favor.

No sé si le pase igual que a mí, pero la presente crisis del Covid-19, más allá de que nos infunda temor por nuestra salud, nos hace sentir terror a perder lo ganado. Terror a perder nuestro trabajo, un patrimonio, una cierta comodidad y estabilidad, a perder nuestra rutina laboral, nuestras vacaciones… Terror a perder lo conocido, eso que hemos luchado tanto para construir.

El mismo temor sentimos las personas con discapacidad. Hasta hace unas semanas, la gente ciega vivíamos en el inicio de una etapa prometedora para la inclusión. Esto, en gran medida, gracias a la tecnología. Lo comentaba ya en un escrito pasado: el mejor momento para ser ciego es hoy. A través de la tecnología tenemos acceso a la lectura, a la educación, al entretenimiento, a las redes sociales. A través de una computadora con un software parlante puedo trabajar. A través de apps accesibles puedo identificar billetes, colores y etiquetas de productos.

Era una etapa inicial, Y si bien habíamos logrado un cierto nivel inclusivo en algunas áreas, por ejemplo  ciertas redes sociales, aun no se lograba traducir en una inclusión real en el ámbito educativo o laboral. Pero estoy convencido que íbamos en esa dirección. Y estoy convencido, aunque resulte quizá polémico, que el mundo virtual puede ofrecer estrategias incluyentes más efectivas, tangibles y duraderas que las estrategias inclusivas que se derivan del comportamiento humano y la interacción con los demás.

No obstante, hoy en día esta etapa inicial está en cierto riesgo. Como consecuencia del aislamiento físico que estamos experimentando, buena parte de la vida y de la actividad humana se está mudando del  mundo físico al mundo virtual. Seguramente usted ha recibido muchísimas invitaciones a unirse a sesiones virtuales de todo tipo: conciertos, conferencias, talleres, clases, cuenta cuentos, grupos virtuales de trabajo, meditaciones, clases de yoga, pedas, rituales satánicos, etc. ¡Incluso supe de un funeral virtual!

Hoy el internet es el hogar de mucha gente y los avisos, noticias, campañas y comunicaciones están sucediendo en este contexto virtual. Ante ello, algunas personas con discapacidad nos estamos quedando fuera de la jugada. Los ciegos no podemos ver las miles de fotografías e imágenes que se comparten. Los sordos no pueden acceder a la información de un podcast o video si este no tiene subtítulos. Solo por dar un par de ejemplos.

Ya le comentaba en otro editorial, que una crisis como esta puede activar el botón de “sálvese quien pueda”, lo cual conlleva el olvido de valores como la inclusión, la empatía o la compasión, es decir, como reza ese fragmento de la víbora de la mar: “los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán”.

La filosofía de “sálvese quien pueda” se traslada de forma facilísima al mundo virtual. Cuando usted comparte una imagen o una foto sin descripción, o un video sin subtítulos, sin saberlo, se une a la exclusión digital. Cuando usted recibe información importante vía digital y no la comparte con la gente que no tiene acceso a esos medios, como personas sin acceso al internet o sin conocimientos tecnológicos, estamos practicando una exclusión digital inconsciente que incrementa la discriminación.

La mudanza al mundo virtual, según lo veo, llegó para quedarse, y a pesar de la exclusión digital que es muy fácil de practicar, esta mudanza puede tener un lado muy brillante, al menos para las personas con discapacidad que tienen  acceso al internet. Aquellos sitios web o apps que son diseñados de origen de una forma accesible e incluyente, nos dan acceso a la actividad social, educativa, laboral o recreativa en línea. Ejemplos de apps incluyentes son Walmart, Uber, Netflix, Amazon, zoom, Google meet, Bancomer y algunas otras; mientras que Apps como HEB, rappy, Domino’s pizza (que incluso ya fue demandada por una persona ciega) y miles y miles más deberían de ponerse las pilas porque de momento no son accesibles, al menos para la gente ciega.

Sensibilizar a la gente respecto del tema de la inclusión ha llevado muchos años, y más años nos llevará que las personas logren digerir estos valores e integrarlos a sus hábitos de comportamientos para construir sociedades más incluyentes. Yo no estoy seguro de que vaya a reencarnar después de que me muera, así que me encantaría, al menos por algunos años, probar las mieles de la inclusión en esta vida, por lo que, propongo, sin descuidar la alternativa análoga, apostarle al atajo digital virtual hacia la inclusión.

Creo que hay dos grandes ventajas de la inclusión digital virtual y que pueden desencadenarse en un aceleramiento de la inclusión: la primera, cuando los ingenieros o desarrolladores diseñan de forma accesible desde el origen y actualización tras actualización, las apps o sitios web mantienen sus características accesibles y muchos nos beneficiamos. La segunda ventaja está en la inteligencia artificial y los algoritmos, pues estos podrán aprender los patrones y los diseños que hacen accesible una app o un servicio virtual, y sin necesidad de apelar a su empatía, a su compasión y a su buen corazón, serán capaces de programar y desarrollar productos cien por ciento accesibles e inclusivos.

Mi paciencia se agota, y mis ganas de gozar de la vida con plenitud y dignidad aumentan, por lo que, mi súplica va a toda la gente que desarrolla tecnología, hagamos equipo, por favor; ayúdenos a tomar este atajo hacia un mundo virtual inclusivo, y de esa forma la tarea de incluirnos será más nuestra, de las personas con discapacidad, pues del otro lado, en el mundo virtual, la mesa estará puesta.

Pepe Macías
pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx