Cuando despertó, la inclusión todavía no llegaba

*Tomo prestada y manipulo la pieza “el dinosaurio” del Maestro Monterroso

 

Podría afirmar que actualmente muchas personas con discapacidad somos muy afortunados, pues habitamos quizá la época más incluyente de la humanidad.

 

Las personas con discapacidad visual, y seguramente con otras discapacidades, a partir de un nivel adquisitivo incluso algo limitado, vivimos en una etapa afortunada donde la tecnología nos ha permitido experimentar inclusión en ciertas situaciones.

 

El parteaguas en mi vida está en el año 2000. Pero me incluí en una escuela regular desde 1992. Las técnicas de inclusión educativa eran si no inexistentes, sí muy rudimentarias, por lo que las soluciones las aportábamos yo y mi familia, involucrando a mis maestros.

 

Me pasé 8 años pidiéndole a los profesores que verbalizaran en voz alta lo que escribían en los pizarrones, solicitándole a mis compañeros que me dictaran los ejercicios impresos en los libros de texto, haciendo exámenes orales, leyéndole las tareas en braille a los maestros, y escuchando a mi madre que todas las tardes me leía los libros para que yo pudiera teclear mis trabajos en braille.

 

EN el año 2000, a la par que ingresaba en la universidad, descubrí el milagro tecnológico de los softwares lectores de pantalla; una tecnología que habla, a través de un sintetizador de voz, todo lo que tú normalmente vez en la pantalla.

 

Esto me permitió una inclusión educativa substancialmente más independiente. Ahora podía teclear mis tareas en una computadora e imprimir mis documentos para que el maestro leyera directamente mis trabajos. Ahora podía contestar un examen directo en una memoria USB, o liberar a mi madre de leer aburridos libros todas las tardes, pues era posible escanear mis libros impresos y pasarlos a un formato electrónico.

 

¿Qué hice yo para beneficiarme de esta tecnología? No mucho: solo ser contemporáneo a ella y aprender de maestros y expertos. Fue, como lo dije, un milagro tecnológico.

 

Hace unos días asistí a un webinar sobre discapacidad donde una representante de inclusión de Microsoft enfatizó lo siguiente (parafraseo): “¿Estamos las personas con discapacidad cumpliendo nuestro rol en crear más inclusión? Necesitamos alzar la voz, opinar, señalar lo que funciona y lo que no. Tenemos que trabajar juntos. La inclusión no se crea solo desde un frente”.

 

Al inicio de la pandemia, estaba muy optimista de que una mudanza masiva de la educación y el trabajo al mundo virtual traería más inclusión. Mónica Mi esposa, ciega igual que yo, está haciendo una certificación de facilitación en línea. A medida que Mónica avanza en su certificación, resulta que la gran mayoría de las aplicaciones y herramientas digitales que sirven como apoyo para los facilitadores en el mundo virtual están bastante lejos de ser accesibles. MI optimismo comenzaba a agrietarse

 

Le sugerí a Mónica que se contactara con los creadores de tales herramientas; hoy los canales de comunicación están abiertos, quizá enviarles un correo o interactuar en sus redes sociales y hacerles saber que hay gente ciega que quiere encontrar un lugar en la enseñanza virtual y que las herramientas que ofrecen no son accesibles.

 

Estoy de acuerdo con la ponente en el webinar: hoy tenemos que involucrarnos en cultivar inclusión. Hoy podemos hacerlo a través de las redes sociales. Tenemos que forzarnos a alzar la voz, involucrarnos y pensar soluciones.

 

En el año 2000 me desperté y la inclusión estaba ahí, de golpe, a través de la tecnología de los lectores de pantalla. Pero yo no hice nada para que eso ocurriera. Ese fue un golpe de suerte, y eso no ocurre a menudo.

 

Y si no nos involucramos, lo más probable es que la próxima vez que nos despertemos, la inclusión todavía no haya llegado.

 

Pepe Macías

 

pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx