Amos ciegos y esclavos que ven

Hace ya varios años escuché de una compañera de trabajo en Europa la frase: “the blind often slave the sighted.” Lo que significa: “los ciegos con frecuencia esclavizan a los normovisuales”. Por cierto, me caga el término “normovisuales”, me suena muy médico, pero ni modo, ¡se aguanta porque ese término le tocó por ver!

Mi compañera es ciega y sin embargo es consciente de esto que realmente ocurre. Recuerdo que otra buena amiga me platicaba que durante la hora de comida, en aquella mítica exhibición de Diálogo en la Oscuridad en el parque fundidora, algunos guías ciegos totalmente independientes que eran capaces de desplazarse como si nada por toda la ciudad, les pedían a ella y a otras personas normovisuales que les calentaran la comida o que le pusieran salsa a sus tacos. ¡Así de huevos!

Esta esclavitud de los ciegos a los normovisuales la he visto yo mismo, con estos ojitos inservibles que se han de comer los gusanos. Desde favores pequeños como un “¿me buscas mi bastón?” o ¿Ves por algún lugar mi bolsa?” Hasta favores más grandes como préstamos de dinero o llevar a la persona ciega a algún lado.

Usted pensará que quizá estoy exagerando. Pero el tema se agrava de verdad cuando estas actitudes suceden en un lugar de trabajo, o cuando son tremendamente recurrentes ¡o cuando se hace evidente que estos ciegos no solo se están colgando sino hasta columpiando de su buena onda!

Me pasó hace unas semanas cuando yo estaba de viaje y conversaba con la directora de un Diálogo en la Oscuridad de otro país. Ella me contaba sus vicisitudes a causa de este tema. Por un lado ella cuenta con un equipo de empleados ciegos, por el otro está también un equipo de administrativos sin discapacidad visual. Me contaba cómo su equipo normovisual ha dejado de cumplir con algunas de sus tareas administrativas por hacerla de nanas de los ciegos: sirviendo cafés, llevando gente al baño, resolviendo preguntas sobre uso de celulares, etc.

Un par de mis teorías y las cuales compartí con ella y ahora lo hago con usted son las que siguen.

En primer lugar, hay algunas actitudes de los normovisuales hacia los ciegos que son caldo de cultivo para ser esclavizados: la admiración, la lástima y la falsa compasión, que yo llamaré piedad, son actitudes que detonan esta esclavitud.

Hay cierta admiración enfermiza de la gente normovisual hacia la gente ciega, cuando sucumben ante el clásico pensamiento distorsionado “él / ella, sin ver, todo lo que puede lograr”, que se convierte en enajenación y arrobamiento infundado y exagerado. Los ciegos pasan entonces a ser para ellos algo así como ángeles celestiales, o súper héroes, o épicos sobrevivientes de notorias batallas, fuentes inagotables de inspiración y motivación.

Y tengo que decirlo, en estos casos de obnubilación mental de nuestros amigos normovisuales, hay ciegos que se aprovechan de su estatus divino para ejercer tiranía sobre estas personas dispuestas a complacer en todo momento.

Por otro lado está la piedad – eso que me lleva a hacer la buena acción del día – o la lástima – lo cual me lleva a apoyar anteponiendo mi superioridad. Ambas actitudes igualmente nocivas, pero que son la carnada perfecta para que nuestro inocente amigo normovisual termine de pronto y sin darse cuenta y sin poder decir “no”, al servicio de un dictador ciego.

En segundo lugar tengo otra teoría que está enfocada en lo que sucede con los ciegos que se convierten en tiranos.

Por un lado, esta tiene que ver con heridas emocionales. Los ciegos estamos resentidos con la sociedad. No todos los ciegos, claro, y no sólo los ciegos, sino los integrantes de cualquier grupo marginalizado.

Vea usted. En China, platicando con un grupo de guías ciegos de Diálogo en la Oscuridad, yo les sugería que les mencionaran abiertamente a sus visitantes que ellos, sus guías, son ciegos. Ellos me dijeron, escandalizados, que no, que porque si la gente en la sociedad China sabe que son ciegos, dejarían de ir a la exhibición, me dijeron que a la gente en su país no les importa saber sobre la ceguera y que tampoco quieren conocer a gente ciega. Me dijeron que en su cultura, la gente ciega ha sufrido discriminación desde hace 2000 años.

Sin negar los argumentos de estas personas, sí les hice ver que estaban llenos de prejuicios hacia la sociedad. ¿Hay gente que no le interesa la ceguera? Claro, no solo en China, sino en todo el mundo. ¿Hay gente que no quiere conocer a un ciego? ¡Pasan sin ver! ¿Los ciegos han sido discriminados desde hace 2000 años? ¡Seguramente desde hace 20 mil!

Pero hay un hecho: hoy, más que nunca en la historia del hombre, las sociedades comienzan a abrirse hacia temas que antes ni siquiera estaban en las neuronas de muchos: empatía, inclusión, diversidad, tolerancia, bondad, entendimiento, paz…

¡No podemos dejar pasar este moméntum!, Según nosotros, en Diálogo en la Oscuridad, utilizamos el ambiente oscurecido por funcionar como una zona libre de prejuicios, y resulta que eran los mismos ciegos en China los que recibían a su público llenos de prejuicios de antemano.

El punto es que hay heridas y resentimiento social, y cuando un ciego se encuentra un alma caritativa, puede ser que la esclavice, pues siente que la sociedad se lo debe, y esta alma caritativa se convierte en la depositaria cármica por las discriminaciones hacia los ciegos desde la prehistoria.

Finalmente, otra de mis observaciones, es que esclavizar a un normovisual puede tener algo que ver con el agotamiento. NO crea, ser ciego es fatigoso. Es un negocio de nadar a contra corriente las 24 horas del día. Yo mismo he querido tirar la toalla. Pocos ciegos asimilan su discapacidad de forma constructiva, y por lo tanto, la vida se les vuelve cuesta arriba. Cuando eso ocurre, claro que la ayuda viene bien, ¡pero un esclavo viene aún mejor!

SI usted tiene un amigo, colega o conocido ciego que pretende esclavizarlo, ¡huya y cuénteselo a quien más confianza le tenga! O mejor, hágale “ver” a ese ciego (en sentido figurado, claro, no le pido que obre milagros) que se está pasando de la raya y que sea más independiente.

Y si usted es un ciego negrero, bájele por favor porque luego por su conchudez la llevamos todos;  póngase a trabajar en su autonomía y seleccione bien esas situaciones donde necesita ayuda visual, porque de que las hay las hay, y cree una convivencia sana con sus allegados normovisuales.

En conclusión: ni muy muy ni tan tan. Esclavizar a otros, con el tiempo, genera aversión. Tampoco podemos mentir y decir que los ciegos podemos hacer todo. Creemos entonces relaciones de colaboración y respeto mutuo con nuestros normovisuales, y a ver si, en caridad del señor, ¡alguien les encuentra otro término mejor!

Pepe Macías