3 lecciones de inclusión que PODEMOS APRENDER DE la pandemia

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Hay tres grandes lecciones que podemos aprender de la pandemia del Covid-19 y que nos pueden ayudar a empatizar con aquellos en situación de desventaja y convertirnos en personas más incluyentes: la irrelevancia, el aislamiento social y la discriminación.

La inclusión no es un tema de personas con discapacidad ni de minorías, es un tema de sensaciones; todos en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido incluidos y excluidos, todos hemos sentido que somos parte importante de algo o hemos experimentado rechazo. todos, en algún momento, estaremos en posición de desventaja, sea por razones laborales, de salud, económicas, políticas, climáticas, tecnológicas, y un sinfín de factores, y estaremos anhelando ser incluidos, por lo que algo es seguro: la inclusión nos atañe a todos.

Irrelevancia

La irrelevancia es el origen de la exclusión. Cuando algo nos resulta irrelevante, simplemente lo ponemos fuera de nuestro foco y nos olvidamos. Las personas con discapacidad, en su gran mayoría, jugamos un papel irrelevante para una sociedad utilitaria. Nadie espera algo sumamente significativo de nosotros: ni que surja un gran científico, ni un arquitecto que revolucione las ciudades, tampoco un ingeniero que innove en la tecnología… La sociedad, en su gran mayoría, ni siquiera espera ver personas con discapacidad trabajando, estudiando, o siendo parte activa de la vida social y cultural.

En realidad ocurre todo lo contrario; la gente todavía se sorprende cuando estamos a su lado, en alguna escuela, empresa, parque o lugar público. Seamos sinceros, la sociedad aún piensa que nuestro papel en la vida es permanecer en casa, “a salvo”, viviendo de la caridad del gobierno o de nuestra familia, ajenos a la dinámica social.

Durante esta pandemia, quizá tuviste el infortunio de volverte irrelevante, sobre todo profesionalmente; quizá trabajabas para sectores que resultaron afectados por la pandemia como el gastronómico, el turístico y muchos otros, quizá tu puesto de trabajo desapareció por la inactividad económica y dejaste de ser necesario. Miles y miles de personas se dieron de frente con la irrelevancia profesional y hoy en día atraviesan penurias para sostenerse y sostener a sus familias económicamente, sin olvidar el fortísimo golpe que es perder tu identidad profesional y tu rol productivo en la sociedad.

El aislamiento

Como persona con discapacidad, puedo atestiguar que el aislamiento es una de las condiciones más comunes que se derivan de la exclusión social. Tres son las causas principales de esta condición: primero, porque nuestra familia o seres cercanos, con el afán de protegernos, nos imponen el aislamiento pensando que en casa estaremos más seguros que en contacto con la sociedad. Segundo, cuando nos imponemos un auto confinamiento motivado por nuestra baja autoestima y nuestro miedo a ser criticados y ser blanco de comentarios en la interacción diaria. Finalmente, el aislamiento que nos imponen las barreras físicas y psicológicas como las condiciones arquitectónicas que dificultan la movilidad de las personas con discapacidad, la falta de un transporte accesible, o la falta de inclusión educativa, laboral y cultural.

Tú has estado por varias semanas en casa, hoy tú sabes la desesperación y angustia que el aislamiento causa. Durante algunas semanas o meses, has sentido en carne propia lo que significa reducir tus interacciones y estar alejado de la sociedad.

Discriminación

La discriminación es la hija predilecta de la creencia de irrelevancia; es el comportamiento directo o indirecto que se desprende de dicha mentalidad. Convencidos de que una persona está limitada por su discapacidad y de que no tiene ningún rol transcendental para jugar en la sociedad, surgen comportamientos que nos descalifican, que nos prejuzgan, que nos excluyen y que no nos permiten formar parte de la vida.

La pandemia ha activado los comportamientos discriminatorios de algunas personas. Por ejemplo cuando nos alejamos de una persona que no está usando el cubrebocas, cuando rechazamos convivir con una persona que tuvo el virus, o llegando al extremo de los cavernícolas que han agredido físicamente al personal de salud que atiende los casos de Covid. SI de alguna forma te has sentido discriminado o segregado por alguien en esta pandemia, ahora tienes una idea de lo que se siente.

La presente pandemia podría convertirse en el mejor curso intensivo y vivencial de inclusión y enseñarnos en carne propia algunas grandes lecciones para lograr comprender mejor la vida de aquellos que permanentemente han estado en situación de desventaja, y animarnos a mejorar sus condiciones, sea impulsados por una mentalidad altruista, o por una mentalidad egoísta que comprende que un día todos estaremos en situación de desventaja.

Pepe Macías
pepe@dialogoenlaoscuridad.com.mx

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